En el final de su existencia las olas se rompen contra las rocas o llegan mansas hasta la orilla. La corriente nunca arrastra los pesados arcones que permanecen sumergidos, al igual que los auténticos secretos nunca tienen eco mas allá de los labios. A veces da igual, otras veces produce mareo, en otras cansa, y otras quisieras quedarte un rato más para ver qué sucede, como en todas aquellas estúpidas fiestas en las que nunca pasó nada. Quedó escrito en el agua y en el aire, y en la llama convertida en ceniza sin vida, en la arena... pero tampoco la arena guarda nunca las huellas.
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