jueves 22 de septiembre de 2011

Dormir Mil Años.


Y dormir mil años, o utilizar el insomnio para tachar palabras de los libros o arrancar el pelo de las muñecas. El malestar viaja en minutos largos y al descender pisotea las nubes. A mitad de hacer, inconcluso, incompleto, pero empezado, no acabado o sin final, pero iniciado, pensado y deseado. Mientras muerdes las esquinas o roes las puertas todas las ventanas de la ciudad son cerradas de golpe, como puñetazos, como patadas, como mentiras. Y la maquinaria descansa por unos instantes, vibrando incluso en su reposo, y entre el vapor caliente discurren las siluetas de los magnates. La calma y su precio mientras las bombas estallan contra el suelo, o las paredes se derrumban. La bola de acero atada a la cadena, mecida en el vacío antes de atravesar tu hogar. Caminábamos, antes de ser lo que somos, antes de haber cerrado los ojos y antes de haber retirado la mano. Cuando los anuncios no nos deglutían las meninges, o cuando éramos feos porque sí. Antes de que el gran esfínter se abriera de par en par y vertiera sobre nuestras cabezas el fruto de su pesada digestión. Solíamos caminar sin decir poco, nada o mucho. Follábamos al atardecer, a media noche, o por la mañana. La piel retenía el sabor, y te acompañaba todo el día, duplicándose, multiplicándose por cien sin saber realmente qué pasaría después. Mañanas y noches y días y años siempre acuden a la invitación de un desastre, y se disponen alrededor como los bárbaros depredadores del tiempo que realmente son. Y cayeron toneladas de hojas secas, tantas que sus crujidos hacían temblar el suelo de los jardines hasta que se descompusieron en los márgenes de las calles, una por una se convirtieron en polvo, ese maldito polvo que te hace estornudar cuando llega esta época. El polvo de las ruinas, de las casas al aire en las ciudades destruidas. Siguen cayendo las bombas, bombas de cristal que esparcen vacío porque ya tenemos suficiente ruido y nos hemos acostumbramos a vivir con su estruendo. Nos arrojan vacío, por todos lados. Ráfagas de olvido, mientras sueñan los últimos fugitivos.







2 Comentarios.:

  1. Cómo ha cambiado todo.
    Bueno, ha cambiado y no ha cambiado.
    Es un mundo extraño.
    este mundo es una paliza.
    No, este mundo es una patada en los huevos......
    Fué algo así..más o menos.

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  2. por cierto, al cielo tres veces.

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