Ver amanecer al menos una vez al mes. Aunque sea a través de los cristales sucios. El capítulo del libro me sigue fascinando, concretamente la parte en la que las personas entran y salen de nuestras vidas, concretamente el punto donde se explica que las personas se consumen con nosotros como etapas de un cohete a propulsión y después se alejan tras haber agotado su carga... y también a la inversa. Piezas y partes que se desprenden girando lentamente en la nada. A dónde se supone que nos dirigimos?.
La perfección del error, duro y cuadrangular.
Errores insalvables, hoy giramos en torno a los errores, con cintas blancas... en una fina línea. Clase de repaso, por si olvidamos algo. La larga lista de reyes destronados, de dioses adorados y de tesoros arrebatados. Sabemos del error, todo. El orgullo del error. La aniquilada esperanza de cambiarlo, su inevitable peso. El error soy yo. Le damos la vuelta al espejo, y sigue reflejando lo mismo... allí no hay arriba ni abajo, solamente una imagen. Una única imagen. Esta vez empezamos por...?
Empezamos por decir que no es posible.
No es posible.
Empezamos donde lo dejamos.
Pausa. Es posible?... sí, desde luego. Es tan posible como redondo. Puede girar y moverse, puede llegar hasta donde queramos. Volvemos al principio.
Es posible.
No, no es posible... ya no existimos.
No comprendo este movimiento.
Es cierto que no eres tu.
Pero porqué yo sigo siendo yo.
Yo también sigo siendo yo.
Blanco sobre blanco. Sin nada, y vacío... pero lleno de energía. A punto de gritar, o explotar. Con todo el alma, pero sin cuerpo. Inmóvil, suspendido en la oscuridad como la luz las farolas... descendiendo como el frío en la madrugada... rígido y solitario ante su puerta. A rastras como un mendigo sin reloj. Iluminado por una posibilidad. Una posibilidad...
Este es el comienzo.
Así se empieza el final.
A partir de este punto. En este punto.
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