lunes, 7 de noviembre de 2011

Arritmia # 6 (Microgénesis de una Novela)


Cómo podía suceder que aquellos centímetros de carne endurecida se movieran dentro de ella con aquella habilidad ancestral. Cómo podían suceder aquellos líquidos, aquellos movimientos como de placas tectónicas sobre aquella masa ígnea convertida en magma que se derramaba una y otra vez. Y cómo podían suceder aquellos cuerpos en el límite de su tensión. Sin duda era un mundo atómico, de explosiones y revoluciones, de ansía sin límite, de deseo sin final. Un universo surgido de la leche de Hera, convulso, y tembloroso, ardiente y líquido. Qué tormento azotaba la espalda hasta curvarla contra la suya, hasta penetrar en su fondo más oscuro... qué destino se ocultaba en su interior. Como un hambre nunca saciada, y a través de su cuerpo, alguien la llevará hasta la cima, alguien hará que su garganta profiera el grito más profundo, el temblor más terrenal anidando en la visión más divina. Y bastará una breve sacudida temporal, unos minutos para fundir carnes, cuerpos, átomos, estrellas soles y galaxias. El universo conocido y la materia oscura exhalando el último hálito de realidad. La máxima y difusa entrega concretada en aquellos cuerpos poseídos por la maravilla y el prodigio de moverse el uno dentro del otro hasta alcanzar un paroxismo siempre irrepetible. Una explosión de realidad líquida, oscura, sin origen conocido y devastadora para los sentidos. Sin importar el camino recorrido, los reinos reducidos a polvo, las guerras, heridas o espadas. El descubrimiento de la propia oscuridad en el interior del otro lo ilumina todo.




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