jueves, 24 de noviembre de 2011

Arritmia # 9 ( .... )



Un lento río de arena,
y de repente, arrastrándose, llegan siete años
enmudecidos, sin mirada.

Después, dice alguien,
con asombrosa ligereza
que el tiempo pasa deprisa
como un rollo de papel higiénico
donde limpiar el barro
de los charcos donde nos metimos.
También después, continua diciendo,
que ya hace mucho de aquello.

Y,
lo que veo,
no es lo que pienso,
ni es lo que tengo delante.
Son los dedos
tocando la costura del bolsillo vacío,
con indecente certeza,
sin asombro,
sin sorpresa.

No hay modo de penetrarte.
Dice alguien, que todo está perdido,
aunque,
los sueños son recurrentes.
Solamente son la espuma de los deseos, sigue diciendo.

Es la exquisita rigidez post mortem
del faro que no alumbra,
pero que guarda la memoria de las olas.

Como en un mapa,
del que se borraron los nombres.


Arritmia # 8 ( Aguas Negras )


Habría querido creer en tu boca,
en el cielo de tu paladar.
En lugar de pollas que rozaban tus labios.
En una lengua angélica serpenteando entre tus piernas.

Del lado de los demonios, siempre tan dispuestos.
Opiácea amapola.
y tenedores imantados.
Y siempre la lluvia,
y siempre la misma esquina, y la misma carrera.

Después del tumulto de la sangre
los pulmones se vacían,
y los años aplastan las calles
drenando las venas
como si nunca nada hubiera palpitado.

Tras la nada, todo es complicado,
y hay que levantar nuevas prisiones
porque el monstruo resucita cada madrugada
y se alimenta con los huesos de la certidumbre.

Y sin saberlo,
porque siempre hay ignorancia,
inundaciones de ignorancia dentro de las farolas
que por las noches arrojan luz ignorante
sobre las calles que ya no recuerdan nada.

La puerta nunca se cierra del todo
para que el monstruo pueda entrar a deshoras.
Monstruo ante el espejo,
monstruo ante la mesa, de dos a cuatro.
Monstruosidad doméstica
vestida, igualmente, de persona corriente.

Y de manera sigilosa,
de idéntico reflejo,
colocada ante mi.

Bajo la lengua,
como una droga,
en el cielo de tu paladar
donde el esperma se derrama.

Como tiempos remotos,
pulverizados por el mazo del destino.
Así quedamos bajo la lluvia,
arrastrados calle abajo,
en suspensión sobre aguas negras.
Líquidos sin cuerpo,
gastados
y prestos a evaporarse
en cuanto salga el sol.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Arritmia # 7 ( Blah blah blah )


Explicar el silencio es complicado. 

(                                                     )

No lo voy siquiera a intentar. Por eso lo dejo entre paréntesis.

Por eso estamos aquí, y no allí.

Alcanzar el otro lado, donde la piel descansa y el estómago no tiembla. 
El otro lado es donde tu voz suena con tu voz, y no es un ruido incesante.
Dentro de maletas, bolsos, sacos de viaje, piedras magnéticas y brújulas enloquecidas que nunca dejan de girar. Preparativos tardíos llenos de negrura, carbonizados como el esqueleto que te sustenta.

Desearlo no es suficiente. Nada es suficiente para este fuego.

Llevo dentro tu semilla, y ha arraigado con fuerza.
Y, ahora, no sé que haremos los dos.
Todo se ha complicado hasta una potencia muy superior por encima de mi cabeza.

Y también está él.

Y yo.

Y al que llevo dentro de manera ingrávida mientras mis pechos aumentan su tamaño.

Intuyo que no hay lugar para los tres, o existe todo el lugar del mundo.
La libertad nos atrapó con su lazada, y no podemos zafarnos.

Y por eso estamos aquí, y no allí.

Me pregunto, mientras toda la casa enmudece, hacia dónde nos dirigimos...
Mientras él duerme indolente, mientras otra vida me consume.
Mientras paso la mano por mi abultado vientre.
Mientras mis ojos chocan con todo.

Cómo podré explicar el silencio...




lunes, 7 de noviembre de 2011

Arritmia # 6 (Microgénesis de una Novela)


Cómo podía suceder que aquellos centímetros de carne endurecida se movieran dentro de ella con aquella habilidad ancestral. Cómo podían suceder aquellos líquidos, aquellos movimientos como de placas tectónicas sobre aquella masa ígnea convertida en magma que se derramaba una y otra vez. Y cómo podían suceder aquellos cuerpos en el límite de su tensión. Sin duda era un mundo atómico, de explosiones y revoluciones, de ansía sin límite, de deseo sin final. Un universo surgido de la leche de Hera, convulso, y tembloroso, ardiente y líquido. Qué tormento azotaba la espalda hasta curvarla contra la suya, hasta penetrar en su fondo más oscuro... qué destino se ocultaba en su interior. Como un hambre nunca saciada, y a través de su cuerpo, alguien la llevará hasta la cima, alguien hará que su garganta profiera el grito más profundo, el temblor más terrenal anidando en la visión más divina. Y bastará una breve sacudida temporal, unos minutos para fundir carnes, cuerpos, átomos, estrellas soles y galaxias. El universo conocido y la materia oscura exhalando el último hálito de realidad. La máxima y difusa entrega concretada en aquellos cuerpos poseídos por la maravilla y el prodigio de moverse el uno dentro del otro hasta alcanzar un paroxismo siempre irrepetible. Una explosión de realidad líquida, oscura, sin origen conocido y devastadora para los sentidos. Sin importar el camino recorrido, los reinos reducidos a polvo, las guerras, heridas o espadas. El descubrimiento de la propia oscuridad en el interior del otro lo ilumina todo.




domingo, 6 de noviembre de 2011

Arritmia # 5 (Microgénesis de una Novela)



Tras caminar por el barro las botas redoblaron su peso. Mirándolas, con toda esa tierra húmeda amasada en las suelas, pensé en tirarlas allí mismo, y pensé en porqué todo ese barrizal no se despegaba de las malditas suelas. De modo que me senté en el charco. En estos lugares nunca hay nadie. Quién iba a querer estar sentado en un charco lleno de barro. Era extraño, últimamente todo era extraño. Todo estaba inyectado de contenido codificado. Llovió, sobre mi cabeza y dentro del charco. Era la temporada alta de lluvias, de manera que no me sorprendió en absoluto e incluso me gustó. Me quité las botas y quité el barro con las manos, y tras sacudirlas en el agua quedaron mejor. Ya no tenía barro, pero tenía los pies fríos y mojados. No entendí cómo se pudo crear al primer ser humano a base de barro sin que pareciera una enorme cagada. Supongo que, existen más códigos por descifrar, más misterios. Yo había ido hasta allí para ver los troncos de los árboles, troncos muy gruesos, pero estaba sentado en un charco, empapado y descalzo y me importaba todo una mierda.

Habría estado bien seguir en aquella comunión con los elementos, pero mi capacidad de concentración es escasa, y me aburría... y al día siguiente trabajaba, y a pesar de que me pagaban cada jornada, no dejaba de ser una especie de turbulencia mental... algo perturbador para mis ideas... pero, después de todo había que conseguir el dinero para poder comprar botas que me permitieran llegar hasta lugares como aquel. 

Cuando llegué a casa, me senté delante del fuego... estaba tan molido que ni pasé por la ducha caliente. Solamente quería pensar en tetas... el calor de las llamas sobre las palmas de las manos me recordaban aquella agradable sensación de cálida redondez. Tetas... un auténtico dilema... Tetas y más tetas... traté de imaginar todas las tetas que había tocado, sus formas, su tacto, su aroma, su tono... lamentablemente ninguna impresión era tan poderosa como para definir una imagen que durara más de un segundo en mi cabeza; curiosamente no me excitó aquel ejercicio de nostalgia... vaya una mierda de memoria, solamente retenía conceptos... suaves, blandas, caídas, pequeñas, blancas... ni una sola imagen contundente, todo pasaba a ráfagas. 

Me dormí pensando en maravillosas tetas imaginarias, mientras las botas ardían en el fuego.